Una casa sin ventanas
donde vive un niño triste
que conoce un solo mundo:
el Universo es su casa.
No lee ni habla con nadie,
no tiene amigos ni escuela,
no ha visto el cielo ni el mar,
solo vive con su abuela.
Sólo conoce las formas,
los olores y sonidos
y el sabor de las comidas;
y aunque viera no vería
más que paredes sin vida.
Hay puertas en la cocina,
en las alcobas y el baño,
y también en la despensa
que se abren y se cierran.
Pero hay una puerta enorme
que siempre cerrada está.
Él sueña que es de papel
como esos sobres que llegan
de vez en cuando y se pasan
por debajo de esa puerta.
Afuera debe haber agua
porque la abuela abre el sobre
y caen gotas de lluvia.
Gotas…
de agua salada.
Miguel Ferrer - 2009
sábado, 21 de noviembre de 2009
jueves, 24 de septiembre de 2009
De frente
La luna parecía
la sonrisa del gato de Cheshire
y Alicia ya crecida
cuidaba los niños en su casa
mientras yo de pie,
tan lejos y tan cerca,
sobre las vías de un tren
que ya nunca pasaría,
escuchaba un grupo de pop jazz
de espaldas al río.
Y de frente,
el recuerdo de una tarde
y un error
y una herida.
Y de frente,
de frente la vida.
Miguel Ferrer - 21/09/09
la sonrisa del gato de Cheshire
y Alicia ya crecida
cuidaba los niños en su casa
mientras yo de pie,
tan lejos y tan cerca,
sobre las vías de un tren
que ya nunca pasaría,
escuchaba un grupo de pop jazz
de espaldas al río.
Y de frente,
el recuerdo de una tarde
y un error
y una herida.
Y de frente,
de frente la vida.
Miguel Ferrer - 21/09/09
domingo, 6 de septiembre de 2009
Algo de Sábato
"Y en aquel reducto solitario me ponía a escribir cuentos. Ahora advierto que escribía cada vez que era infeliz, que me sentía solo o desajustado con el mundo en que me había tocado nacer. Y pienso si no será siempre así, que el arte de nuestro tiempo, ese arte tenso y desgarrado, nazca invariablemente de nuestro desajuste, de nuestra ansiedad y nuestro descontento. Una especie de intento de reconciliación con el universo de esa raza de frágiles, inquietas y anhelantes criaturas que son los seres humanos. Puesto que los animales no lo necesitan: les basta vivir. Porque su existencia se desliza armoniosamente con las necesidades atávicas. Y al pájaro le basta con algunas semillitas o gusanos, un árbol donde construír su nido, grandes espacios para volar; y su vida transcurre desde su nacimiento hasta su muerte en un venturoso ritmo que no es desgarrado jamás ni por la desesperación metafísica ni por la locura. Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó las bases de su grandeza pero también los orígenes de su angustia; porque con sus manos y con los instrumentos hechos con sus manos iba a erigir esa construcción tan potente y extraña que se llama cultura e iba a iniciar así su gran desgarramiento, ya que habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el dios que su espíritu le sugiera. Será ese ser dual y desgraciado que se mueve y vive entre la tierra de los animales y el cielo de sus dioses, que habrá perdido el paraíso terrenal de su inocencia y no habrá ganado el paraíso celeste de su redención. Ese ser dolorido y enfermo del espíritu que se preguntará, por primera vez, sobre el por qué de su existencia. Y así las manos, y luego aquella hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la técnica habrán ido cavando cada día más el abismo que lo separa de su raza originaria y de su felicidad zoológica. Y la ciudad será finalmente la última etapa de su loca carrera, la expresión máxima de su orgullo y la máxima forma de su alienación. Y entonces seres descontentos, un poco ciegos y un poco como enloquecidos, intentan recuperar a tientas aquella armonía perdida con el misterio y la sangre, pintando o escribiendo una realidad distinta a la que desdichadamente los rodea, una realidad a menudo de apariencia fantástica y demencial, pero que, cosa curiosa, resulta ser finalmente más profunda y verdadera que la cotidiana. Y así, soñando un poco por todos, esos seres frágiles logran levantarse sobre su desventura individual y se convierten en intérpretes y hasta en salvadores (dolorosos) del destino colectivo."
Ernesto Sabato, Sobre Héroes y Tumbas.
Ernesto Sabato, Sobre Héroes y Tumbas.
viernes, 28 de agosto de 2009
AZULES
Podríamos ser azules.
Vos princesa,
omóplatos con plumas,
estrellas en polvo
serían tus huellas.
Yo coraza de dragón,
botas en llamas,
escudo de camaleón
para que nadie me entienda.
Tu poder sería el encanto
de tus labios perfectos,
que sonríen, pronuncian,
besan o denuncian.
Mi habilidad el silencio,
y mi conjuro el olvido.
Pero somos carne y huesos,
ojos, sangre, piel y dedos.
Somos el uno del otro.
Yo, de marzo
y vos, sin miedo.
Vos princesa,
omóplatos con plumas,
estrellas en polvo
serían tus huellas.
Yo coraza de dragón,
botas en llamas,
escudo de camaleón
para que nadie me entienda.
Tu poder sería el encanto
de tus labios perfectos,
que sonríen, pronuncian,
besan o denuncian.
Mi habilidad el silencio,
y mi conjuro el olvido.
Pero somos carne y huesos,
ojos, sangre, piel y dedos.
Somos el uno del otro.
Yo, de marzo
y vos, sin miedo.
miércoles, 12 de agosto de 2009
DIFERENTE
La injusticia fue la excusa,
y con la luz difusa
de la madrugada
la encontraron recostada
en un parque, bajo un puente…
pero era diferente.
Ya no era ella, su piel
tenía el color del papel
y en un sobre estaba escrito
que no existía delito.
A menos que se entendiera
que desear la primavera
en una noche de invierno
trocara cielo en infierno.
Se abrió camino su sangre
con un zumbido de enjambre
de abejas de terciopelo
que levantaron su vuelo
y bordaron un escudo
en su pecho tan menudo…
Me hizo acordarme de vos.
Pero no eras ella, no.
Te veías diferente.
y con la luz difusa
de la madrugada
la encontraron recostada
en un parque, bajo un puente…
pero era diferente.
Ya no era ella, su piel
tenía el color del papel
y en un sobre estaba escrito
que no existía delito.
A menos que se entendiera
que desear la primavera
en una noche de invierno
trocara cielo en infierno.
Se abrió camino su sangre
con un zumbido de enjambre
de abejas de terciopelo
que levantaron su vuelo
y bordaron un escudo
en su pecho tan menudo…
Me hizo acordarme de vos.
Pero no eras ella, no.
Te veías diferente.
sábado, 8 de agosto de 2009
EJERCICIO DE LA LIBERTAD
desde el alambre y las púas
que acotan y delimitan,
supe que la propiedad impide
volar sin miedo, sin rumbo, sin regresar.
no quiero camino, ni mapa, ni red.
pude alcanzar el cielo mas decidí
parar por el solo placer de esperar.
o
desde el camino sin púas
que impide el cielo alcanzar,
supe que el placer acota la propiedad.
parar sólo por miedo y sin esperar...
no quiero mapa sin delimitar.
pude alambrar el rumbo mas decidí
volar sin red y sin regresar.
que acotan y delimitan,
supe que la propiedad impide
volar sin miedo, sin rumbo, sin regresar.
no quiero camino, ni mapa, ni red.
pude alcanzar el cielo mas decidí
parar por el solo placer de esperar.
o
desde el camino sin púas
que impide el cielo alcanzar,
supe que el placer acota la propiedad.
parar sólo por miedo y sin esperar...
no quiero mapa sin delimitar.
pude alambrar el rumbo mas decidí
volar sin red y sin regresar.
viernes, 7 de agosto de 2009
IDENTIDAD
Te busco debajo de las huellas
de los que vivieron antes
que los que despues murieron.
Desdibujada por el tiempo,
vitrificada por la presión,
infiltrada por los minerales,
momificada por el frío.
Me bastaría un indicio,
un cabello en el ámbar,
la huella de tu pie en el barro
que ahora se volvió roca.
Tu esencia en el vientre
del insecto
que tu sangre bebió
y luego atrapado murió
envuelto en resina
de una araucaria.
Necesito saber
que fuiste de este mundo,
que estuviste de pie
en el balcón de roca
imaginando el fuego,
inventando el mortero,
la aguja y el hilo,
descubriendo el miedo,
el abrazo
y los sueños.
Miguel Ferrer - 2009
de los que vivieron antes
que los que despues murieron.
Desdibujada por el tiempo,
vitrificada por la presión,
infiltrada por los minerales,
momificada por el frío.
Me bastaría un indicio,
un cabello en el ámbar,
la huella de tu pie en el barro
que ahora se volvió roca.
Tu esencia en el vientre
del insecto
que tu sangre bebió
y luego atrapado murió
envuelto en resina
de una araucaria.
Necesito saber
que fuiste de este mundo,
que estuviste de pie
en el balcón de roca
imaginando el fuego,
inventando el mortero,
la aguja y el hilo,
descubriendo el miedo,
el abrazo
y los sueños.
Miguel Ferrer - 2009
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